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Cómo decir NO sin sentirte culpable

Decir no

¿Te cuesta trabajo decir <<no>>? Recientemente con una única sesión de coaching un directivo ha superado este problema logrando resultados extraordinarios tanto en su productividad como en su vida personal. En este artículo te cuento las claves del éxito conseguido, para que puedas ponerlas a prueba.

¿CUÁNDO ES UN PROBLEMA DECIR NO?

Primero hay que aclarar que decir <<si>> a las peticiones de los demás está bien, el problema es cuando lo decimos <<siempre>> y se transforma en un hábito perjudicial. Los demás, colaboradores, compañeros, etc. se acomodan a acudir a ti para que les resuelvas los problemas, incluso algunos se aprovechan de tu debilidad para darte trabajo que no te corresponde. 

Las continuas interrupciones te provocan pérdida de concentración, incrementan tus tareas, te hacen perder de tiempo, salir más tarde del trabajo, y todo esto deriva en estrés, ansiedad, agotamiento y frustración. Adicionalmente las personas interruptoras se hacen dependientes de ti, pierden confianza en sí mismas y su capacidad resolutiva se atrofia como un músculo sin uso. 

DECIR NO: ¿CUÁL ES EL FRENO? 

Piensa en la siguiente pregunta: ¿Qué te impide decir No? (…….)

Las respuestas habituales suelen ser: me preocupa que la otra persona reaccione de manera negativa, o se ponga pesada y nos enfademos, o que después me pueda sentir culpable, etc. 

El denominador común a estas respuestas es el miedo a las posibles consecuencias negativas inmediatas, que conduce a un comportamiento impulsivo de decir que <<si>> a todo.

Cuantas más veces repitamos este comportamiento, más nos convenceremos de que somos así y no podemos cambiarlo, sino que es algo genético o nos viene de familia, y por lo tanto no podemos hacer nada, sufriendo en silencio.

El problema es que el miedo irracional no es consciente de las consecuencias negativas permanentes para nuestra productividad, nuestra salud, o el desarrollo de los demás. 

Un agravante en muchas personas es que han sido educadas en la creencia de que siempre han de ser amables y no han de decir nada que siente mal a los demás. Eso está bien de pequeños y ante ciertas situaciones, pero no cuando conlleva aceptar malos modales o perjudicarnos a nosotros mismos.

Inteligencia emocional

CÓMO SUPERARLO

Para superar el miedo que actúa de freno hay que actuar y dar el paso de decir <<no>>, y para dar ese paso necesitamos preparación, como si de un examen se tratase. Esa preparación conlleva preparar un reto muy motivador con el que estés dispuesto a comprometerte al 100%, al que llamaremos el reto de los 21 días. A continuación te facilito algunas pautas.

En primer lugar definimos una intención clara, definiendo los beneficios. Ejemplo: “Quiero decir <<no>> para frenar las interrupciones innecesarias, lograr mayor productividad y ganar tiempo libre, satisfacción personal y salud”. En segundo lugar, estructuramos el reto en metas semanales, concretas y medibles, de menor a mayor complejidad. Ejemplo de la primera meta: decir <<no>> en el 20% de las ocasiones, a dos personas concretas con quienes me pueda resultar más fácil, en un entorno seguro, donde las posibles consecuencias negativas inmediatas no sean muy importantes, y por lo tanto probar a desafiar el miedo me resulte motivador.  

Para la meta segunda y tercera meta incrementaremos el nivel de dificultad subiendo el porcentaje de decir <<no>>, eligiendo personas de mayor complejidad y de entornos más importantes.  

Por último, planificamos el plan de acción con todo lujo de detalles. En el caso del directivo que os mencionaba al principio, decidió dedicar su tiempo del desayuno, unos veinte minutos diarios, a mentalizarse para el día, anticipando las situaciones y preparando de manera objetiva sus argumentos, para convencerse de que él <<no>> era la mejor respuesta, tanto para él como para los demás. Establecimos criterios y frecuencia de medida, y preguntas para evaluar los resultados de manera constructiva.

LOS RESULTADOS DE APRENDER A DECIR NO

En la siguiente reunión el directivo me contó con satisfacción los enormes avances y aprendizajes logrados en cuatro áreas vitales. Mejoró notablemente la seguridad y confianza en sí mismo y desapareció por completo la sensación de culpabilidad. Mejoró su productividad en cuanto que lograba cumplir con su trabajo diario sin tener que echar horas extra. Mejoró su salud, reduciendo el estrés, sintiéndose más relajado, eliminando los dolores de cabeza, logrando incluso desconectar los fines de semana, y logrando por tanto mayor equilibrio laboral y familiar. Pero su mayor sorpresa, fue el impacto positivo en las relaciones con los demás, no solo con sus colaboradores, sino con sus superiores. Muchos de sus compañeros se alegraron de su cambio de comportamiento, llegando a admitirle que en ocasiones sabían que abusaban de su confianza, y que es normal y bueno que diga que no, tanto para él como para ellos. Los superiores también vieron con buenos ojos su cambio, no solo por su mayor productividad, sino por el mayor respeto, confianza y seguridad que proyectaba, que mejoraba notablemente su imagen. Así que si él ha podido superar con determinación y esfuerzo el reto de los 21 días, también podrás conseguirlo tú. Ponlo a prueba y ya me cuentas, y si te surge alguna pregunta no dudes en consultarme. Un abrazo 😉

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